Presento aquí una posible distopía que cada día parece ser más posible con respecto a la situación pandémica actual. A día de hoy nos encontramos en una situación en la que mientras por un lado se vende a la sociedad que la situación está gradualmente solucionándose con las campañas (no mundiales) de vacunación, por otro lado y al mismo tiempo observamos la aparición o el aviso de posible expansión de nuevas cepas, mutaciones y otras amenazas que nos dejan entrever que el problema está lejos de solucionarse.
Esta situación que quiero definir aquí se ambienta en los próximos 5-20 años, por lo que la mayoría de personas lectoras podrían llegar a vivirlo. Aunque sea una visión pesimista, también resulta racional y posible, y aunque espero de corazón que jamás ocurra, viendo los últimos acontecimientos mundiales y el poco espíritu solidario existente a nivel estatal y social, cada día parece más viable, aunque quizás no hasta el punto que va a ser mostrado aquí.
Analicemos lo que en un principio podemos esperar de los próximos 5 años: vacunaciones masivas "no obligatorias", es decir, los estados no obligarán directamente a la población a vacunarse, pero por otros medios será necesario tener un certificado de vacunación para seguir con nuestras vidas. Por ejemplo, para pedir un visado, un contrato de trabajo, o incluso para desplazarse a otros países, como ya podemos observar mediante la nueva política de "pasaporte verde" a partir de la cual la gente vacunada va a tener mayor posibilidad y facilidad de viajar libremente.
Como ya estamos viendo ahora, este proceso solo está mostrándonos una esfera más de desigualdad mundial. Mientras que los países europeos han comenzado ferozmente con el proceso, otros países o incluso continentes enteros quedan atrás en esta carrera sanitaria. Un caso en el que esa desigualdad parece extrema es el de Oriente Medio, donde mientras que Israel es considerado "el ejemplo" de estado efectivo en campañas de vacunación, todos los países con los que posee frontera no han recibido ni una cuarta parte de las mismas.
Hasta aquí, y en base a los datos actuales, no nos debería sorprender nada. Los países apelados como "desarrollados" han tenido el poder y el capital para realizar acuerdos con empresas farmacéuticas que, recordemos, son empresas del sector privado, para comenzar lo antes posible ese proceso, mientras que otros estados quedan rezagados ante ese avance por distintos motivos: desde imposibilidad de gestión eficaz, a la consideración que reciben por parte de la comunidad internacional como "enemigos del orden mundial".
Comencemos entonces a partir de aquí con esa situación distópica que quiero plantear. Recuerdo que el objetivo no es expandir el pesimismo, sino dejar ver cómo es de posible este futuro escenario, y la necesidad de conciencia ciudadana (y más bien, humana), ante este posible problema futuro, con intención de "estar preparados" antes de que se dé.
Como podemos esperar, llegará un momento en el que la población de ciertos países, de los cuales no creo que haga falta decir el nombre, estarán vacunados (por supuesto contando con que la vacuna funcione a largo plazo), y otros países y sobre todo, otras poblaciones que quedarán exentas de la misma o cuyo proceso será más lento. Así, podríamos llegar a concebir una división social basada intrínsecamente en la condición de clase entre "vacunados" y "no vacunados". Es decir, entre "personas" y "amenazas".
Esta división, que añadido al pánico existente y al trauma que está dejando la pandemia, llevará a la sociedad (con "ayuda" de los medios de comunicación e incluso de los gobiernos), a ver a ese sector social como inferior, como atraso a un nuevo orden mundial.
El historiador y escritor israelí Yuval Noah Harari describía en su obra Homo Deus una situación más posible que utópica, en la que la revolución tecnológica que actualmente estamos viviendo conllevará a una brecha social imperdonable. Es decir, actualmente esa brecha digital ya existente que promueve una serie de desigualdades, añadido a otras cuestiones como el trabajo online, sobre todo expandido tras la pandemia, está llevando a una brecha digital multidimensional. Desde por razones geográficas (países con menor acceso a internet que otros), a cuestiones más de tipo socioeconómico.
En este futuro, Noah Harari hablaba de un punto en el que la tecnología ya no solo formase parte de nuestras vidas, sino de nosotros mismos: a modo de lo que películas y libros futuristas definen como ciborgs. En este punto, el porcentaje de población que sería capaz de formar parte de este proceso sería aún menor que el actual, y el autor dividía la población en unos humanos con capacidades sobrenaturales, y "el resto". A ese resto, apelado en la obra como "masa de inútiles", se vería como alejado lenta y gradualmente del proceso mundial, llegando al punto de no saber cuál es su función en el planeta. La visión del autor israelí llevaba a pensar que esta llamada "masa de inútiles" se revelaría, mediante el uso de la violencia, y la peligrosidad era máxima ya que a la hora del conflicto, éstos no tendrían nada que perder.
La situación que pretendo mostrar con la vacunación sería parecida a este proceso descrito. Entraríamos en una distensión social dividida entre aquellos vacunados, y aquellos no vacunados. Estos últimos, entendidos en este contexto como "los inútiles", no podrían obtener un contrato de trabajo, viajar, o incluso podría llegar hasta el punto de que no puedan realizar su vida de manera normal y digna.
Recordar que en este resto no solo encontramos a sociedades de países cuya vacunación sea más lenta o incluso casi inexistente, sino también a toda aquella población que por su condición social (de clase), no reciba la vacuna en países "desarrollados" donde sí haya una campaña fuerte: personas sin hogar, refugiados, etcétera.
Así, y posicionándome en el extremo, esta masa de población sería observada como lo más parecido a un "zombie" que (espero) que jamás vivamos: la gente no querrá acercarse a ellos, serán expulsados de lugares públicos y vetados de derechos fundamentales. Esto, añadido a la carta que pueden jugar los gobiernos con respecto al pánico que ya existe actualmente con la pandemia, y el verdadero trauma que se dará de aquí a unos años, pondrá difícil el trabajo a aquellas entidades que quieran acabar con esta situación, entre las cuales unas de las principales serían las organizaciones no gubernamentales.
Si un Estado argumenta que no puede vacunar a toda la población por falta de recursos, o una empresa farmacéutica argumenta que fueron incapaces de llegar a un acuerdo para vender la vacuna a un determinado país, es posible que los demás países (incluso a nivel Naciones Unidas), en vista de los acontecimientos y de esa "justificación", no puedan hacer nada para solucionar el problema. Lo único que podría ocurrir a modo esperanzador sería que las ONGs invirtieran a modo de estado en campañas de vacunación para este sector social. La única esencial diferencia con la visión utópica de Noah Harari, aparte del porqué de la brecha, sería que la masa de "inútiles" no parecería ser tan grande con respecto al porcentaje poblacional global, pudiendo esperar una relación más de tipo 40% de la población vacunada - 60% no vacunada, aproximadamente.
Así, nos llevaría a un mundo en el que los vacunados podrían seguir realizando su vida normal, pudiendo esperar algunas manifestaciones y disturbios que no lleguen a mucho, mientras que aquellas personas que no sean vacunadas, por su condición y falta de recursos (desde económicos hasta de influencia en medios de comunicación), queden literalmente fuera del orden mundial, de manera directa, con una justificación jamás expuesta anteriormente.
Pongamos un ejemplo. Si ahora un país europeo expresa su oposición a aceptar refugiados (bien porque "quitan el trabajo", porque es inviable, o por argumentos relacionados con el terrorismo y la seguridad nacional), estaría mal visto por un gran sector de la sociedad civil. Aunque es cierto que a la hora de la verdad nadie parece querer acabar con la crisis migratoria, a los ojos mediáticos y de la opinión pública mundial quedaría como no legítimo o mal visto el no querer ayudar. Sin embargo, y en este escenario, ¿qué pasaría si un país europeo dijese que no quiere aceptar refugiados ya que no están vacunados y por tanto exponen al país y a su sociedad a "volver a 2020"? El argumento ganaría mucha legitimidad, llegaría a no verse como xenófobo ni racista, y la gran mayoría de la población de ese país estaría de acuerdo, incluso aquellos inmigrantes que llegasen con anterioridad a la pandemia y ya estuviesen vacunados.
Como vemos con los actuales partidos populistas, los argumentos de "nos roban el trabajo" o "solo vienen a delinquir" ya parecen haberse inyectado en nuestro cerebro. ¿Cómo de más fácil sería seguir con ese argumento dándole ese toque de trauma y miedo con el uso de la pandemia que se vivió en 2020-2021?
Y aquí llegaríamos al punto "final" de esta distopía: ¿cuál sería o debería ser la respuesta de toda esa masa de "inútiles", teniendo en cuenta que contarían solo con el apoyo de alguna ONG y sin ningún tipo de influencia en el orden mundial? La mayoría perderían su trabajo, su posición en el mundo y, por extensión, su derecho a una vida digna. Entrando en la evidencia histórica, cuando estos sentimientos comienzan a verse en un sector de una sociedad, la respuesta suele tener un mínimo común denominador: el uso de la violencia.
La principal diferencia sería que cuando los estados hagan uso de sus fuerzas y cuerpos de seguridad para alentar a estos manifestantes, ¿estaría mal visto el uso de la fuerza estatal hasta el punto de matar unos manifestantes que no están vacunados y que por tanto, constituyen una posible y potencial amenaza?
En este contexto la cuestión ética es fundamental, y la falta de solidaridad estatal y humana actual hace pensar que esta situación no fuese tan mal vista. Recuerdo la idea distópica de la película La Purga, en la que para evitar la violencia en un país como EEUU, se ilegaliza con pena de muerte cualquier tipo de delito, pero durante 12 horas al año se permite absolutamente cualquier crimen en las calles, además de no haber durante esa franja de tiempo servicios de policía, ambulancia, ni bomberos. Ya en su estreno, esa idea parecía más posible que distópica.
Según lo expuesto, podríamos llegar a un escenario similar. Es decir, la vida de las personas no vacunadas valdría menos que las de los demás, y no se entendería como tan negativo cometer cualquier tipo de atrocidad contra este "resto" ya que, al fin y al cabo, "una persona no vacunada muerta, es una amenaza menos al orden mundial".
Me encantaría saber sus opiniones sobre esta idea o cualquier otra que se puedan imaginar para los próximos años. Me pueden escribir a mi correo electrónico guille.moran1011@gmail.com. Estaré encantado de debatir con ustedes o incluso tener en cuenta sus ideas para futuras publicaciones.