martes, 10 de noviembre de 2020

La segunda ola Covid-19. El caso de Grecia, ¿la vida humana o la economía?

No cabe duda de que Grecia puede ser considerado un ejemplo a seguir desde un análisis estadístico de la afluencia de casos confirmados y muertes por la pandemia. Mientras sus países vecinos como España o Italia caían en un vorágine de desesperación y descontrol en el que los gobiernos no sabían bien lo que debían de hacer mientras los casos y las muertes no cesaban, el país heleno quedó fuera de ese marco, en tanto que parecía verse que el virus no estaba teniendo el mismo impacto en este país.

Como en el caso de otros países con números similares, la comunidad internacional achacaba los hechos no solo al ocultamiento de datos, como pudimos ver en Alemania donde a la hora de registrar los fallecidos se estipulaba que era por "neumonía", dejando de lado el hecho de que ésta venía propiciada por el coronavirus. Sino que más bien, mientras que unos defendían que Grecia fue de los primeros países en tomarse en serio lo que estaba llegando desde Wuhan y que actuaron rápido, otros expresaban su escepticismo ante esto, arguyendo que probablemente el porqué de la baja cantidad de casos venía dada por la no realización de PCRs. Es decir, que casos había, pero al no propiciar los medios para descubrir cuántos, quedaron en una especie de ensueño en el que realmente no estaban mintiendo, sino simplemente no decían la verdad.
Además, la existencia de otros factores como la demografía, siendo un país de alrededor de 11 millones de personas (y no 48 como España), así como su geografía, en tanto que el cierre perimetral de ciertas islas fuertemente afectadas en la primera ola, provocó la no transmisión descontrolada como vimos por ejemplo en España, donde el control de movimiento fue más difícil, al ser casi en su totalidad terrestre, y no aéreo o marítimo.

A partir de mediados de septiembre comenzó (o nos quieren decir que comenzó) esa segunda oleada de la que todo el mundo se preocupa actualmente. Esa nueva ascensión que esperemos que dentro de poco llegue a una nueva "V" que propicie la recuperación, la cual Grecia parecía estar esquivando, acabó llegando al país en forma de una retórica del miedo y pánico tras las nuevas restricciones impuestas el pasado martes y reforzadas tras la implantación de una nueva cuarentena desde el sábado.

Mientras que otros países cercanos como los mencionados anteriormente ya habían comenzado en octubre con el proceso de cierre y control de lugares de ocio y en general donde pudiese haber aglomeraciones, Grecia parecía estar exenta de todo ello. Los bares y pubs cerraban a medianoche, existían fiestas abiertas al público, y la mascarilla no solo no era obligatoria sino que era extraño ver a alguien con ella si no era en un sitio cerrado y público como un hospital o un supermercado (de los pocos sitios donde era obligatoria).

Tras las nueva restricciones impuestas por los países a partir de las reuniones a nivel europeo sobre cómo evitar (o mejor dicho cómo combatir) esta nueva segunda ola, Grecia y su primer ministro Mitsotakis se han visto envueltos en una problemática de la cual decidieron tomar cartas en el asunto esta semana. Sin tener suficientes casos como para imponer medidas como en otros países, Grecia observaba como estaba convirtiéndose en el único país que no estaba adoptando ninguna de esas medidas.

Desde mi visión personal, parece entenderse el motivo por el cual empezaron a haber desde hace alrededor de tres semanas, autobuses que realizaban PCRs gratuitas en lugares públicos. Inicialmente pareció ser una medida socialmente aceptada, hasta que ciertos sectores comenzaron a percatarse de donde estaban situados esos autobuses: concretamente en Atenas, en regiones como la Plaza Viktoria, es decir, regiones en las que saben que la mayoría de población que reside es refugiada y de pocos recursos.

Así, una medida que en un principio parece positiva, comenzó a observarse como intento de conseguir que la tasa de casos aumentase a niveles exponenciales, para así tener una "excusa" a partir de la cual el gobierno pudiese implantar esas restricciones, y que la consecuente queja social tuviese menos justificación.

Y en efecto, así se hizo. Aunque el número de casos y fallecidos ni se acerque al de muchos países de la UE, ha aumentado en un número que al gobierno le ha parecido suficiente como para actuar. Eso si, mientra que en otros países la gestión de restricciones ha sido paulatina, en Grecia ha sido tajante. Tras una primera medida en la que se impuso la mascarilla obligatoria en vía pública y toque de queda entre las 00.30 y 5am, se llegó a un cierre de todo establecimiento público como cafeterías, restaurantes, gimnasios, cines, teatros, etcétera, cerrando el círculo con una cuarentena que comenzó este pasado sábado.

De momento, el gobierno solo ha manifestado su interés de ayuda inmediata a los hoteles y restaurantes, en vista de que este sector será el más afectado por estas medidas. Así, se han proclamado una serie de ayudas a estos negocios, entre las cuales entra el pago de un salario base a todos los empleados en este sector que solo durante el mes de noviembre será de 800 euros (cuando el resto de meses, tal como expresa la ley, es de 532 euros). 

Aun así, hay un factor que el gobierno no puede controlar, o que al menos no lo está consiguiendo: la sociedad civil y la opinión pública, y su relación con ese pánico generalizado. Mientras que en España podemos observar como existe esa "policía civil", esa sensación de malestar en la calle ya que la población sufre el trauma de lo ocurrido (aunque actualmente las revueltas estén siendo importantes), la sensación que ofrece Grecia es de que la población no ha sufrido esa primera ola. Es decir, parece que cumplen las restricciones más por obligación que por conciencia, viendo como aún a día de hoy, muchas personas no llevan la mascarilla por la calle. Por otro lado, el cuerpo policial heleno no parece muy convencido de las medidas, en tanto que no suele parar a la población.

Finalmente, la pregunta que se están haciendo la mayoría de estudiosos de distintos sectores, tanto más relacionados con las ciencias sociales como con las sanitarias, es: viendo la situación actual, ¿se debe primar la vida y la salud de las personas, o tenemos que dejar un espacio de actuación a la economía aunque no desaparezca del todo el problema?
Desgraciadamente, esta problemática entrelaza un problema social de carácter moral, con un problema económico de carácter racional, en el que ninguna de las dos visiones debería ser considerada como incorrecta o macabra; simplemente dependerá del punto de vista desde el que queramos observar los acontecimientos.

Sin embargo, sí que es necesario basarse en los hechos y en la estadística para saber cómo actuar, aunque a veces cueste. Y es cierto que, si la situación no se resuelve rápido, la caída de la economía probablemente genere alomejor no más muertes directas, pero sí más pérdidas, que la continuación de casos y fallecidos en los países. Ya no solo porque haya que tener en cuenta que no se trata de una enfermedad letal (además de que en general hay un perfil concreto de persona afectada), sino porque además los pequeños negocios y empresas están teniendo unas perdidas abismales de las que nadie sabe si algun dia se recuperaran. Solo hace falta ver los escenarios futuros de pérdidas económicas, en los que el peor caso para España rondaría en una pérdida de hasta el 11,7% del PIB, o Italia cuyo peor escenario es de unas pérdidas del 13,5%. En estos análisis, Grecia parecía quedarse fuera, pero con estas nuevas medidas impuestas, que van a dar un duro golpe a una economía ya maltratada, podrían estar barajándose números similares.

Así, la economía de estos países se va a ver tremendamente afectada, hasta un punto en el que verdaderamente nadie sabe cómo afectará al futuro de estos países una vez la pandemia desaparezca; no olvidemos que se trata de países cuya mayor (o de las mayores) fuente de ingresos es el sector terciario, el sector servicios. En el caso griego, un mes completo en el que no haya ningún tipo de movimiento puede ser extremadamente impactante, pero probablemente todo dependa de la decisión del gobierno con respecto a diciembre.

Parece que lo que está intentando Mitsotakis es realizar un cierre perimetral en el país, para así reabrir a mediados de diciembre y poder llevar a cabo unas "Navidades normales" en la medida de lo posible, en tanto que estas fechas podrían considerarse un punto de inflexión para el futuro de estas economías en 2021.

Por tanto, si el primer ministro consigue reabrir la afluencia turística en el país durante diciembre y enero, aunque luego se vea obligado a volver a imponer restricciones en febrero, probablemente consiga recuperar o incluso aumentar parte del PIB del país. Sin embargo, y este futuro puede incluir a países como España, en el caso de que estos países se vean obligados a mantenerse cerrados durante las Navidades, es muy probable que sufran un golpe final del que muy difícil se van a recuperar. 

No olvidemos que todos estos análisis que vemos en las noticias, incluido este realizado en este artículo, hablan de la economía real. Es decir, en materia de economía y flujos financieros, el futuro es aún más impredecible. Tenemos por un lado grandes empresas en bolsa que están cayendo en picado, mientras otras como Apple, Netflix, cadenas de supermercados o las empresas farmacéuticas están consiguiendo un poder sorprendente debido a todos los acontecimientos actuales. Mientras existen inversores y accionistas que están perdiendo todo su potencial económico, existen por otro lado otros actores dentro de esa economía puramente financiera que van a salir de esta crisis como ganadores.

Y ya no solo eso, sino también el posible ascenso del Sudeste Asiático, liderado por China, con Japón y Corea del Sur, como primeros "supervivientes" de la pandemia y por lo tanto como posibles aspirantes a dirigir el sistema internacional tras el fin de la misma. Aunque esa idea es solo una posibilidad, y tendremos que esperar a la resolución de nuevos factores como nuevas decisiones políticas, elecciones como las estadounidenses, o al avance en la posible vacuna, para poder analizar el futuro desarrollo del orden internacional.

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