Tras los disturbios y el supuesto fraude electoral en Bolivia del año pasado, que acabó con el exilio del expresidente Evo Morales y la creación de un gobierno de facto transitorio liderado por Jeanine Áñez, el país vivió el 18 de octubre unas nuevas y desafiantes elecciones.
Estas elecciones, las cuales estaban programadas para mayo de este año pero tuvieron que ser pospuestas por la pandemia, han ofrecido un resultado a partir del cual la población ha quedado polarizada entre la absoluta sorpresa, y por otro lado la creencia de que era lo que debía de ocurrir. Luis Arce, exministro de economía durante la legislatura de Evo Morales y candidato a la presidencia por el partido Movimiento Al Socialismo (MAS), salió victorioso con una diferencia de voto poco mayor del 10% frente a su rival Carlos Mesa, al frente del partido Comunidad Ciudadana, siendo proclamado así presidente sin necesidad de una segunda vuelta.
La reacción social a este acontecimiento fue extraña, en tanto que el conteo, los porcentajes y el modo de elección han resultado ser extremadamente similares a aquellos del año pasado con Evo Morales: un inicio en el cual Carlos Mesa parecía liderar, seguido de un claro ascenso en la votación hacia Arce, con un desenlace positivo para el partido indígena. La única diferencia con respecto a las anteriores elecciones, lo cual ha sido base para determinar que en estas no hubo un fraude, es que no aconteció ningún tipo de "parón" en el conteo.
Uno de los puntos principales a partir del cual se empezó a investigar la posibilidad de fraude el año pasado fue ese famoso "parón" de casi un día en el conteo, tras el cual el ascenso del partido MAS en la votación dio mucho que debatir. Sin embargo, en estas elecciones no hubo (por lo menos a priori) ningún tipo de estratagema de ese estilo.
Tras la victoria de Arce y aceptación por sus dos principales opositores, Camacho y Mesa, la opinión pública y sociedad civil se lanzó a la calle (aunque esta vez de manera pacífica), en vista de que no podían creer que después de todo lo ocurrido, hubiesen vuelto al punto 0. La sociedad busca culpables ante lo ocurrido, y según el foco de análisis podemos encontrar varios factores que pudieron dar una victoria limpia y legal a Arce:
Por un lado, podemos observar cómo Áñez, presidenta en funciones durante el periodo transitorio entre las dos elecciones, ha dado más importancia a asegurar que las elecciones y el proceso fuera limpio y democrático, así como al coronavirus, que a preocuparse de lo que estaba ocurriendo realmente. Áñez llegó a la presidencia de manera contundente, obligando a Morales a salir del país, quitándole de todo privilegio legal y diciendo asegurar que Bolivia iba a tener unas elecciones legales y transparentes lo antes posible.
Sin embargo, si observamos su mandato durante este casi año, podemos ver que salvo los primeros cambios que realizó en materia legal, la llama de esperanza se apagó, en tanto que no volvimos a ver un movimiento de resistencia en ese nuevo y corto gobierno.
Un ejemplo de ello, el cual es el más utilizado por la sociedad civil en contra del MAS, es el cambio en la "ley de los 2/3". Esta ley, determinaba que en todas las asambleas (ejecutiva, legal, judicial y electoral), cualquier cambio o reforma debería tener el apoyo de dos tercios de la respectiva cámara para ser aprobada, y no por mayoría simple. Durante las distintas legislaturas de Morales esto nunca fue un problema, ya que desde que llegó a la presidencia hasta las elecciones de 2019, el partido MAS disfrutaba de una cómoda mayoría por encima de 2/3 en todas las instituciones.
Sin embargo, tras las elecciones y el supuesto fraude, recordemos que aunque Morales tuviese que rescindir de la presidencia y exiliarse, las cámaras y sistema gubernamental continuó en funcionamiento (hecho por el que se suele declarar que no fue un golpe de Estado), y el partido MAS, aunque aún tenía mayoría, en la asamblea legislativa ya no gozaba de los 2/3 necesarios para aprobar sus medidas sin ninguna necesidad de negociación con otros partidos.
Así, esta "ley de los 2/3" fue modificada poco antes de estas últimas elecciones, determinando que a partir de ese momento se aprobarían o no medidas a partir de una mayoría simple, de la cual el partido MAS gozaba.
Cuando esa ley se aprobó, ningún líder de la oposición pareció hacer nada al respecto. Quizás el único fue Fernando Camacho, líder del partido Creemos, y símbolo de resistencia contra el masismo sobre todo en la región este del país, concretamente en el Estado de Santa Cruz. Aun así, no olvidemos que su porcentaje de voto no es suficiente para mover al país, como lo hubiese sido el de Carlos Mesa.
Mesa ha sido el objetivo de más críticas como verdadero posible candidato a la presidencia boliviana. Candidato por la segunda fuerza política del país Comunidad Ciudadana, e histórico contrincante del masismo, ha acabado aceptando la victoria de Arce. Esta felicitación ha generado revuelo entre sus votantes y en todo el movimiento antimasista, teniendo en cuenta que el conteo ha tenido las mismas características que en las elecciones del año pasado. Mientras que en 2019, Mesa fue el primero en salir a las calles y pedir democracia a los ciudadanos, en estas decidió dar la victoria a Acre y no realizar investigaciones más allá.
Así, Mesa y su partido en su conjunto se encuentran actualmente en un proceso de "lanzar balones fuera" en el que achacan la derrota a la falta de una unidad antimasista, concretamente hacia Fernando Camacho y en menor medida hacia Jeanine Áñez, por no haber sido capaces de dejar sus diferencias a un lado y unirse a él para tener un bloque unificado.
Por otro lado y entrelazando con la idea anterior, Camacho es considerado el "revolucionario del este boliviano", en tanto que se trata de un personaje conocido en todo Bolivia pero solo votado concretamente en Santa Cruz. En las elecciones de 2019, lideró una de las resistencias más fuertes en contra de Morales y del supuesto fraude, y se presentó a estas elecciones con posibilidades de ganar una representación notoria. Sin embargo, ha acabado con un mero 14% de la votación electoral.
Aunque es cierto que una resistencia más unificada en contra del MAS y de Arce podría haber dado más juego, no olvidemos que ni siquiera las dos fuerzas juntas, es decir, Creemos y Comunidad Ciudadana, hubiesen llegado a un porcentaje igual al de Arce, lo cual determina que ni su unión podría haber conseguido su objetivo. Sin embargo, es cierto que de alguna manera, e independientemente de los porcentajes, si desde el principio hubiesen mostrado una idea de alianza contra el masismo y de dejar de lado sus diferencias concretas, puede ser que muchos votantes se hubiesen sentido identificados (o al menos más de los que lo han hecho por separado).
A parte de todos estos posibles factores, entra en juego la idea del conteo rápido. El conteo rápido es una medida utilizada en muchos países a la hora del recuento en unas elecciones, sobre todo en aquellos cuyas dimensiones geográficas y demográficas son de suficiente tamaño como para que un conteo normal pudiese llevar semanas o incluso meses. Bolivia, y sobre todo desde la llegada de Morales, ha sido un país que se ha inclinado por la no utilización de esta técnica, ya que, como siempre ha dicho su partido, el voto que más necesitan es el rural, aquel que menos innovación tecnológica posee y a su vez más dificultad a la hora de ir a las mesas de voto. Con el conteo rápido, la mayoría de ese voto quedaría perdido y por tanto el partido MAS perdería una de sus fuentes de voto más fuertes, por no decir la esencial.
Esa excusa, la cual fue utilizada para intentar justificar "el parón" de las elecciones de 2019, ha vuelto a utilizarse en estas para no realizar el conteo rápido. A partir de esta premisa, podemos entrar en la verdadera pregunta: ¿cuál es la implicación de la Organización de Estados Americanos (OEA) en todo esto?
Parece ser que la sociedad civil antimasista, los medios de comunicación, y todos los candidatos han puesto su foco de atención en la OEA y en concreto, en su presidente uruguayo Luis Almagro. No olvidemos que la OEA fue esencial para el derrumbe del conteo de las elecciones del año pasado, así como para el exilio de Morales hasta el día de hoy. Una vez se le pidió a la organización que investigase lo ocurrido, realizó dos diferentes informes, con un mes de diferencia, a partir de los cuales se determinaba que habían existido una serie de irregularidades inexplicables.
Luis Almagro se volvió un opositor a Morales, en tanto que aunque no determinase un fraude como tal, dejaba entredicho que algo había ocurrido y que por tanto lo más pertinente, aludiendo a las democracias latinoamericanas y la desestabilidad que estaban teniendo el año pasado con ejemplos como el de Chile o Ecuador y sus respectivas revueltas populares, era realizar unas nuevas elecciones.
La decisión de la OEA, y concretamente la oposición de su presidente Almagro a los resultados, fueron esenciales para el congreso boliviano a la hora de tener la legitimidad de determinar las elecciones como fraudulentas, así como base de la presión que recibió el expresidente Morales para irse, la instalación de un gobierno transitorio, y el fin de la era Morales en el país.
Sin embargo, para la resistencia antimasista, la actuación y respuesta de la OEA y de su presidente Almagro en estas nuevas elecciones, parece haber dejado mucho que desear. Para empezar, aceptó la petición del Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Bolivia para no hacer uso del conteo rápido expresado previamente (https://www.eldiario.net/movil/index.php?n=29&a=2020&m=11&d=06). Esta aceptación creó desconcierto, ya que fue precisamente esa medida la cual dio pie a entender las elecciones como fraudulentas, así como la prueba base de los informes de la OEA para determinar esas irregularidades.
Esa aceptación, la cual ya creó revuelo, se volvió definitiva cuando pudimos ver la felicitación por parte de Almagro al nuevo presidente Luis Arce, en un proceso electoral extremadamente parecido al del año pasado. A partir de esa felicitación de victoria, el antimasismo en su conjunto comenzó a pedir explicaciones a la organización sobre por qué en estas elecciones, las cuales tienen unas similitudes gigantescas con respecto a las pasadas, se le felicita directamente y ni siquiera se hace ademán de una posible investigación con el fin de asegurar que todo el proceso fue legal.
El antimasismo queda más dividido que nunca, entre un Carlos Mesa bien conocido por todos que no tiene los votos suficientes para hacer frente, y menos ahora con el cambio de la "ley de los 2/3", y un Fernando Camacho que, por orgullo o estrategia política, se niega a unirse en una especie de "unidad o coalición antimasista" en la que Mesa sería el líder, y Camacho el segundo en las listas.
La aceptación de Almagro y de la OEA de la victoria masista, determina finalmente que estas elecciones fueron democráticas y transparentes, o al menos que por el momento, al no ser que haya nuevos acontecimientos, no existen pruebas de lo contrario. Sin embargo, el revuelo social ha sido inmenso, con numerosas respuestas al tweet de felicitación de Almagro, así como con el hashtag en twitter de #Almagrorenuncia. Cabe decir que mientras el año pasado el revuelo social fue más una revolución, con numerosas manifestaciones, enfrentamientos directos con la policía e incluso decenas de muertes, en estas elecciones la población solo se ha manifestado de manera pacífica y en su mayoría por redes sociales.
Para colmo de todo lo que ha ocurrido en este último mes, Arce ya ha comenzado a ser aceptado internacionalmente, incluso con la visita del rey de España Felipe VI para felicitarle. Además, y debido al cambio en la "ley de los 2/3", Arce y su partido han podido dar una inmunidad legal a Evo Morales de todos los casos abiertos que tenía, permitiendo su reentrada en el país después de un año en el exilio. Cruzando la frontera con Argentina y escoltado por el presidente Alberto Fernández, Morales volvió ayer a su país natal sin cargos, con intención de mudarse a la pequeña región cocalera de Chimoré, donde vivió de joven. De momento, no sabemos si volverá a la política formalmente, si se quedará apartado de la misma, o si participará en momentos puntuales de la nueva presidencia de Arce.
Finalmente, podemos aclarar que estar en contra de Evo Morales o de las elecciones no es estar en contra del partido MAS, y que el hecho de que un presidente utilizase mecanismos ilegales o no transparentes para continuar su presidencia, no quiere decir que todo su partido sea corrupto. Por un lado, el partido MAS ha dado muchas esperanzas a una mayoría de población indígena que estaba aislada, sin voz, y el hecho de que estén en el congreso es un logro para la izquierda latinoamericana. Además, son los principales propulsores de la creación de numerosos hospitales, colegios, y cambios más estructurales como incluir el quechua como lengua oficial del país, o el escudo quechua en la bandera del país.
Pero por otro lado, es cierto que hubo irregularidades inexplicables en el conteo del año pasado, independientemente de estar a favor o en contra. Desde un punto de vista completamente objetivo y analítico, no cabe duda que el partido MAS siempre ha intentado jugar con todo tipo de mecanismos legales para conseguir llevar a cabo las medidas que creían oportunas sin necesidad de negociar con los demás partidos. Desde la nueva Constitución creada en 2009 por el propio Morales, como otros cambios como el mencionado anteriormente de la "ley de los dos tercios".
El futuro de Bolivia es claramente incierto, pero es probable que tengamos 4 años de masismo irrebatibles, con una confrontación antimasista que, a priori, no parece que vaya a ser capaz de hacer frente, al menos de manera unida. Además, el grueso de la pandemia ha sido sufrido por la presidencia de Áñez, pudiendo observar cómo actualmente el problema es bastante estable y controlado, y por tanto no podrá ser utilizado en su contra como podría ser el caso de Joe Biden, el cual tiene (o tendrá a partir de enero) numerosas decisiones fundamentales que tomar con respecto a la pandemia, mostrando un escenario terrible del legado Trumpiano.
Las elecciones, hayan sido transparentes o no, han sido aceptadas por casi todos los sectores antimasistas e internacionales, y por tanto no podemos esperar ni mucho menos un movimiento como aquel que aconteció el año pasado. Es más, mientras que antes se tenía claro que si Morales intentaba volver al país, la población le haría frente, podemos observar cómo a su llegada desde la frontera con Argentina, la oposición fue mínima. Da la sensación que la población y los diputados (quizás menos Fernando Camacho), han aceptado definitivamente que al partido MAS le queda mucho por decir en la política boliviana, y que tendrán que cometer errores estructurales muy graves para que Arce o cualquier otro candidato masista del futuro, se vean verdaderamente obligados a salir del gobierno y dar paso a un gobierno más liberal y pro-EEUU como sería al frente del partido Comunidad Ciudadana liderado por Carlos Mesa.
Si señor, una visión objetiva, crítica y estudiada de una situación bastante determinante para el futuro de Bolivia.
ResponderEliminarEnhorabuena al autor por tan buen trabajo realizado